23/4/07

23 de ABriL

Acérquense a los libros cualquier día, aunque no sea el Día del Libro. Los libros enseñan a volar sin despegar los pies del suelo, a coger vuelo mental y elevar nuestro libre pensamiento por encima de las pequeñeces del mundo. Por eso los dictadores de uno y otro signo (los falsos padres de la patria y los falsos salvadores revolucionarios), tan propensos ellos a las pequeñeces de su mundo, siempre han temido a los libros y han preferido destruirlos que leerlos. Porque los libros sirven para despertar los sueños, las utopías y otros modos más inteligentes de pensar que los establecidos por la fuerza bruta, la opresión religiosa o de las armas. Sirven para despertar conciencias y realizar una crítica necesaria de la sociedad, sus tradiciones y valores, que en tantos casos son sinónimo de estancamiento moral, abuso y opresión de los poderosos sobre los más débiles. Y los dictadores, ya se sabe, prefieren un pueblo sin alas y sin imaginación, un pueblo fácil de manejar, para el que las primitivas y cerradas conjeturas raciales y tribales resulten más importantes que los aperturistas conceptos universales. O dicho de otro modo más explícito, un pueblo que prefiera perder el tiempo mirándose al ombligo, en lugar de levantar la cabeza y otear el horizonte.


3 comentarios:

Landahlauts dijo...

Son la mejor droga. Y no estropean el cerebro ni el hígado... ¿qué más puedes pedir, puñetas???

PoliSeMia dijo...

puñetas? Ay que ver que vocabulario me gastas :p

Los libros son una fuente de evasión buenísima. Me ha pasado de leer trilogías y quedarme enganchada, no querer que termine; sentir como si me faltara algo al acabar.

Siempre me llamó la atención la escritura y la lectura como "fuente corruptora de mentes", desde el catapumchimpero. Los medios de comunicación adulterados por el poder que intenta enajenar a los individuos. Y al que no le guste, al exilio.

Un placer siempre leerte impertinente

Landahlauts dijo...

perdón, perdón... quise decir "cáspitas"